Perspectivas de diálogo en la tradición musulmana

Por Abdennur Prado

Bismil-lâhi ar-Rahmani ar-Rahim

El pluralismo religioso en el Corán

Si hablamos de diálogo interreligioso en la tradición islámica, sin duda lo esencial es referirse al Corán y al ejemplo del Profeta Muhámmad. El Corán nos ofrece numerosas claves para un enfoque positivo del diálogo interreligioso[1]. En primer lugar, la pluralidad de formas de adoración es algo querido por Al-lâh:

Hemos asignado a cada comunidad
formas de adoración
[distintas], que deberían observar.
(Corán 22: 67) [2]

En segundo lugar, todas las religiones reveladas son vías de salvación legítimas:

Ciertamente, los que creen [en esta escritura divina],
los que profesan el judaísmo, los cristianos y los sabeos
—todos los que creen en Dios y en el Último Día y obran con rectitud—
tendrán su recompensa junto a su Sustentador;
y nada tienen que temer ni se lamentarán.

(Corán 2: 62)

En tercer lugar, estas formas de adoración tienen su origen en revelaciones sucesivas, venidas del mismo Dios:

Hemos suscitado en el seno de cada comunidad a un profeta.
(Corán 16:36).

En cuarto lugar, el Corán afirma que todos los profetas gozan del mismo rango a los ojos de Al-lâh, y exhorta al musulmán a no distinguir entre ellos y a creer en todas las tradiciones reveladas:

Di: “Creemos en Al-lâh
y en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y en lo que se hizo descender para Abraham, Ismael, Isaac, Jacob
y sus descendientes, y en lo que Moisés, Jesús
y todos los profetas han recibido de su Sustentador:
no hacemos distinción entre ninguno de ellos.
Y a Él nos entregamos.”

(Corán 3: 84)

Entre los libros revelados en que el musulmán debe creer, el Corán cita explícitamente la Tora y el Evangelio (3: 3-4). El propio Corán nos dice que no contiene nada nuevo, que se trata de una confirmación de lo que contienen la Tora y el Evangelio, del mismo modo que el Evangelio era una confirmación de la Tora (5: 46). Desde el punto de vista coránico, todos los libros revelados contienen la misma revelación con diferente forma. En consecuencia, el Corán no pide a los judíos que abracen el islam, sino que sean fieles a su propia tradición, según el ejemplo de los rabinos más antiguos (5: 43-44). También exhorta a los seguidores de Jesús a seguir lo que dice el Evangelio (5: 47). La idea de convertir al otro brilla por su ausencia, es algo completamente ajeno a la tradición islámica.

El Mensaje del Corán nos sitúa en la perspectiva de la unidad trascendente de las religiones (wahdat-e-deen): diferentes en su forma, pero iguales en su esencia [3]. Existe un hadiz donde Muhámmad afirma: “Los profetas son hermanos e hijos de diferentes madres, pero su religión es una” (Bujari y Muslim). A partir de esta identidad ontológica de todas las religiones, se hace absurda toda disputa religiosa. Sin embargo, mientras más nos alejamos de la Fuente más se destacan las diferencias y se pone el acento en lo formal o doctrinario, con la consiguiente posibilidad de discutir, de oponer las propias creencias a las otras, etc. Hay varias aleyas que pueden sernos útiles para entender como se plantea el diálogo interreligioso dentro del islam:

Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores
sino de la forma más amable
—a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal—
y decid: “Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y también en lo que se ha hecho descender para vosotros:
pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo,
y a Él nos sometemos.”

(Corán 29: 46)

Una y otra vez, el Corán dice lo mismo: todas las religiones vienen del Dios Único, y por tanto debemos creer en todas ellas. Hay que remitirse a Al-lâh como el origen de todo lo diverso, incluyendo las divergencias entre las diferentes religiones. Una pregunta común es la siguiente: ¿cuál es el motivo del pluralismo religioso? Una vez más, el Corán nos da la clave:

A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley
y un modo de vida
[distintos]. Y si Dios hubiera querido,
cierta­mente, os habría hecho una sola comunidad:
pero
[lo dispuso así] para probaros en lo que os ha dado.
¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras!
Habréis de volver to­dos a Dios: y, entonces,
Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.

(Corán 5: 48)

El más noble a los ojos de Al-lâh no lo es por ser miembro de una determinada confesión, sino por tener un grado mayor de conciencia de Dios (Corán 49: 13). Con esto, queda descartada la competitividad religiosa, en el sentido de tratar de demostrar que la propia religión es superior o está en la posesión de la verdad, y las otras extraviadas. Más bien, se trata de centrarse, desde la tradición a la que pertenezca cada uno, en la realización de hasanat, palabra árabe que une en su raíz las ideas del Bien y la Belleza. En el caso de encontrarse con polemistas, el Corán nos previene de caer en la trampa del enfrentamiento y remite el juicio definitivo a Al-lâh (Corán 22: 67-69).

En definitiva, podemos resumir la visión coránica del pluralismo religioso:

–       El Corán afirma que todas las religiones reveladas son vías de salvación legítimas.

–       El Corán afirma que Dios ha enviado profetas a todos los pueblos, en todos los idiomas.

–       El Corán afirma que no existe diferencia de rango entre los profetas.

–       El Corán llama a los musulmanes a aceptar todas las revelaciones anteriores.

–       El Corán llama a los cristianos a regirse por las enseñanzas de Jesús, y a los judíos por lo revelado en la Tora.

–       El Corán afirma que lo importante no es la adscripción nominal a una religión sino las buenas obras, la conciencia de Dios y la pureza de nuestro corazón.

–       El Corán llama a los creyentes a no caer en disputas religiosas estériles, sobre la base de que todas las religiones vienen del Dios Único, y que en Él se resolverá toda diferencia.

La polémica contra judíos y cristianos

Sólo una vez establecido el discurso coránico sobre el pluralismo religioso es posible comprender la critica coránica contra judíos y cristianos. O, más específicamente, contra aquellos judíos y cristianos que (considera) se han desviado del mensaje original enviado por Al-lâh a través de la Tora y el Evangelio. En concreto, el Corán acusa a estos judíos por la ingratitud y la soberbia que muestran para con Dios, a pesar de que los ha favorecido [4]:

  • Por haber matado a profetas
  • Por no juzgar según la Tora
  • Por distorsionar de la Tora
  • Por seguir solo una parte (que les conviene) de la Tora
  • Por sacar provecho (económico) de la Tora
  • Por no respetar el Sabath
  • Por no respetar los pactos
  • Por practicar la usura
  • Por consumir los bienes de los necesitados
  • Por calumniar a la virgen María
  • Por jactarse de haber matado a Jesús
  • Por decir que “Esdras es el hijo de Dios”
  • Por tomar a los rabinos por señores suyos junto a Dios
  • Por soberbia intelectual, al pretender que “están llenos de conocimiento”
  • Por decir que no habrá más revelaciones
  • Por no aceptar a Muhámmad como profeta

A los cristianos les atribuye algunas de estas transgresiones, además de otras eminentemente teológicas[5]:

  • Afirmar que Jesús es Dios
  • Afirmar que Jesús es el hijo de Dios
  • Afirmar que Dios forma parte de una trinidad

Es necesario aclarar que esta crítica no es al judaísmo y al cristianismo genuinos. En el caso de los judíos, en todo momento queda claro que las invectivas van destinadas contra aquellos que han violado el Pacto con Al-lâh (Corán 4: 160-161). Inmediatamente después de amenazarles con el infierno, el Corán abre la puerta al Jardín a aquellos que realizan buenas obras y son fieles a la Palabra revelada (Corán 4: 162). Del mismo modo, si en un momento dado el Corán afirma que “quienes malvenden su pacto con Dios y sus compromisos por un precio insignificante –no tendrán parte en las bendiciones de la Otra Vida…” (2: 77), en otro momento afirma que existen otros judíos y cristianos que no hacen tal cosa, y por tanto tendrán su recompensa (Corán 3: 199).

El Corán no ataca pues a los judíos de Medina por el hecho de ser judíos, sino que les conmina a retornar al judaísmo, una religión que es tenida en alta estima en el Corán:

1.     El Corán califica al Pueblo de Israel (que es Jacob) como la gente de la preferencia (ahl al-fadl), pues Dios lo ha distinguido con gran número de sus mensajeros: “Yo os he preferido a los mundos” (2: 47)

2.     El Corán menciona como enviados de Al-lâh a algunos de los profetas pertenecientes a la tradición judía, y afirma que tienen el mismo rango que Muhámmad (3: 84)

3.     El judaísmo es una vía de salvación legítima: (2: 62)

4.     Desde el momento en que las considera todas las religiones reveladas por el mismo Dios, sin que exista superioridad de ninguna de ellas sobre las otras, el musulmán tiene la obligación de creer en todas ellas, incluyendo el judaísmo: (42: 15)

5.     El Corán pide a los judíos que se rijan por lo revelado en la Tora

6.     El Corán menciona reiteradamente la Tora como una revelación de Dios, y menciona de forma positiva a los primeros rabinos como custodios de esta revelación sagrada (Corán 5: 43-44)

7.     El Corán menciona de forma positiva las sinagogas, hasta el punto de que su defensa es uno de los motivos por los cuales se nos ha hecho lícito el combate (Corán 22: 39-40).

8.     El Corán pide a los judíos que respeten el Sabath (Corán 4: 47 / 4: 154 / 7: 163-164)

De ahí se deriva una ambigüedad fundamental. Por un lado, el Corán no cesa de repetir que tanto el judaísmo como el cristianismo son religiones reveladas, y que la Tora y el Evangelio contienen luz y guía, ofrecen una norma de vida (una sharia) perfectamente válida, a la cual deberían ser fieles. Por otro lado, el Corán critica de forma reiterada a los judíos y a los cristianos por lo que considera sus desviaciones.

Existe pues una diferencia entre la crítica teológica a los cristianos y la aceptación del cristianismo como religión revelada. Pero en este caso la ambigüedad aumenta por el hecho de que las transgresiones son eminentemente teológicas. El Corán no dice que el cristianismo sea shirk, idolatría, sino que la trinidad y la idea del Dios encarnado constituyen shirk. En este punto, el Corán no deja de señalar la dura realidad: el hecho de que la inmensa mayoría se han desviado y de hecho han pasado a formar parte de los kafirun (ingratos) y de los mushrikun. Pero el Corán dice que, junto a esta mayoría, existe una minoría que sigue fielmente las enseñanzas de Jesús. Estos son los cristianos musulmanes. Son cristianos en tanto que seguidores de Jesús, y son musulmanes en tanto que creyentes en el Dios único, hacen buenas obras y creen en la Última vida. Lo cual conduce a una conclusión: aquellos que el Corán considera como fieles seguidores de Jesús son cristianos unitarios, quienes afirman la unicidad de Dios y siguen las enseñanzas del profeta Jesús.

Para entender la dureza del Corán contra el shirk, hay que comprender el papel que la idea del tawhid o unicidad de todo lo creado juega en el islam, como base del igualitarismo social. El shirk conduce a tiranía y a la injusticia [6]. En este punto se comprende mejor la crítica coránica: el Corán los acusa de arrogarse en exclusiva la revelación o una situación priviligiada. En el caso de los judíos, alegando ser el pueblo escogido. En el caso de los cristianos, afirmando que Jesús es el hijo de Dios. Desde el punto de vista de la universalidad del fenómeno profético ambas ideas restringen a Dios y se apropian de su revelación. Son doctrinas exclusivistas y anti-pluralistas, que chocan con el igualitarismo coránico, y la concepción según la cual todos los pueblos han tenido sus profetas, en todas las lenguas, y según la cual Dios no hace distinción entre sus mensajeros. Nos encontramos pues ante una crítica del shirk entendido como totalitarismo, exclusivismo religioso vinculado a un ejercicio de poder. De ahí la acusación de que ambos, los judíos y cristianos que cometen shirk, malvenden la revelación por un precio insignificante, buscando las riquezas terrenales. De ahí el versículo que acusa a los judíos de practicar la usura, a pesar de que Dios se lo había prohibido.

Esta ambigüedad será aprovechada por los sectores sectarios dentro del islam para afirmar que el judaísmo y el cristianismo son kufur (rechazo de Al-lâh y su revelación) o shirk (asociar algo a Dios), religiones que han caído en la idolatría y han sido abrogadas por el Corán [7]. Pero esto constituye a su vez una manipulación del Corán. Esta consiste en hacer extensiva la crítica coránica a determinadas actitudes o creencias como una crítica al judaísmo y al cristianismo como un todo. De este modo, algunos musulmanes han caído en aquello que el Corán criticaba judíos y cristianos, otorgándose la exclusividad de la revelación (del favor divino).

Muhámmad y los cristianos

Si nos remitimos a los versículos coránicos citados en el capítulo anterior, parecen reflejar la angustia del Profeta ante la persistencia de los cristianos en su afirmación de la divinidad de Jesús, y en las tensiones derivadas del rechazo de su misión profética. Esto parecería reflejar las malas relaciones de Muhámmad con los cristianos de su tiempo. Sin embargo, la importancia de los cristianos en la vida del Profeta Muhámmad es extraordinaria. Existen numerosos episodios que merecerían ser expuestos con detalle. De estos, mencionaremos el encuentro con los cristianos de Najran. El encuentro tuvo lugar en el año 10 de la hégira, a menos de un año antes de la muerte del Profeta. Puede considerarse pues como una especie de testamento sobre el trato hacia los cristianos. Su importancia radica en que resuelve de una forma particular las tensiones expresadas en el capítulo anterior.

Una delegación de dignatarios cristianos vino desde Najran (Yemen) para debatir su situación y sobre cuestiones teológicas con el Profeta. En los debates, los cristianos defendieron la idea de Jesús como hijo de Dios. Siguiendo una costumbre de la época, fueron emplazados a un “juicio por la oración” (mubahala). Un versículo coránico refleja este episodio:

Y si alguien disputa contigo acerca de esta,
después de todo el conocimiento que te ha llegado,
di: “¡Venid! Convoquemos a nuestros hijos y a vuestros hijos,
a nuestras mujeres y a vuestras mujeres,
y acudamos también todos nosotros;
recemos [juntos] con humildad y fervor,
e invoquemos la maldición de Dios sobre aquellos que mientan.”

(Corán 3: 61)

El profeta Muhámmad invitó a los cristianos a rezar con él en su mezquita, con sus mujeres y sus hijos. Esto sería impensable si el cristianismo fuera kufur. Y aquí no hay distinción posible entre unitarios y trinitarios: los cristianos a los que invitó defendían la divinidad de Jesús. Muhámmad no los trató como idólatras, sino como a creyentes. En este versículo, el Corán está remitiendo el juicio definitivo a Dios.

Los cristianos rehusaron la mubahala, pero celebraron la eucaristía en la mezquita fundacional del islam. El Profeta les concedió un tratado que garantizaba todos sus derechos civiles y el libre ejercicio de su religión.

Citamos, para terminar este apartado, el famoso edicto del Edicto del Profeta sobre los monjes:

“He escrito este edicto bajo la forma de una orden para mi Comunidad, y para todos aquellos (musulmanes) que viven dentro de la cristiandad, en el Este y en el Oeste, cerca o lejos, jóvenes y viejos, conocidos y desconocidos. Quien no respete el edicto y no siga mis órdenes obra contra la voluntad de Al-lâh y merece ser maldito, sea quien esa, sultán o simple musulmán. Cuando un sacerdote o un ermitaño se retira a una montaña o a una gruta, o se establece en la llanura, el desierto, la ciudad, la aldea, la iglesia, estoy con él en persona, junto con mi ejército y mis súbditos, y lo defiendo contra todo enemigo. Me abstendré de hacerle ningún daño. Está prohibido arrojar a un obispo de su obispado, a un sacerdote de su iglesia, a un ermitaño de su ermita. No se ha de quitar ningún objeto de una iglesia para utilizarlo en la construcción de una mezquita o de casas de los musulmanes. Cuando una cristiana tiene relaciones con un musulmán, éste debe tratarla bien y permitirle orar en su iglesia, sin poner obstáculos entre ella y su religión. Si alguien hace lo contrario. será considerado como enemigo de Al-lâh y de su Profeta. Los musulmanes deben de acatar estas órdenes hasta el fin del mundo”.

Sin embargo, judíos y cristianos serían expulsados de la Península Arábiga después de la muerte del Profeta, inaugurando una era de subalternidad bajo la supremacía del islam [8]. Los siglos posteriores verán la emergencia del islam jurídico, con el establecimiento de un régimen diferenciado para las minorías religiosas, los dzimmíes o protegidos. En este momento, judaísmo y cristianismo no son vistos como religiones reveladas por el Dios Único. Son consideradas en términos de minorías en el contexto de una sociedad que ha hecho de la pertenencia a la religión mayoritaria la clave de la ciudadanía [9].

Sufismo y pluralismo religioso

A tenor del mensaje coránico, es comprensible que la historia del islam esté llena de episodios positivos de diálogo. Existen centenares de dichos de los sufíes que reflejan esta visión positiva del pluralismo religioso, y de máximo respeto a todas las religiones reveladas [10]. Citamos algunas:

Abu-l-Fadl Allami (India, 1551-1602): “¡Señor! Un día visito la iglesia, otro día la mezquita; pero de templo en templo, sólo a Ti voy buscándote. Para tus discípulos no hay herejía, no hay ortodoxia; todos pueden ver Tu verdad sin velos. Que el herético siga con su herejía y el ortodoxo con su ortodoxia. Tu fiel es el vendedor de perfumes: necesita la esencia de rosas del divino Amor.”

ibn ‘Arabî de Murcia (1165-1240): “¡Guárdate de atarte a una religión en particular rechazando las demás! Si tal haces, no obtendrás de ello gran beneficio. Peor aún, no conseguirás el verdadero conocimiento de la realidad. Trata de hacer de ti Materia Prima para todo tipo de creencia religiosa. Dios es demasiado grande y amplio para quedar confinado en una sola religión”.

Otra cita de ibn ‘Arabi: “Cuando uno adquiere una cantidad infinitesimal del Amor, se olvida de ser musulmán, zoroastriano, cristiano o infiel.”

Y Mansur Hallay (857-922): “He reflexionado acerca de las denominaciones confesionales esforzándome en comprenderlas. Ahora considero que existe un principio único con numerosas ramificaciones. Por eso, no pidáis a una persona que adopte determinada denominación confesional; con ello la desviarías del Principio, que es solio y fundamento. A esa persona ha de venir a buscarla el propio Principio en el que se dilucidan todas las grandezas y todas las significaciones. Entonces la persona comprenderá…”

Yunus Emre (Chiraz, 1184-1256): “Como un compás, tenemos un pie fijo en el islam y con el otro viajamos dentro de otras religiones.”

El poeta y santo Mazhar Jan-i-Janan de Delhi (1699-1781), escribió una carta a uno de sus discípulos: “Debes saber que el Misericordioso, al principio de la Creación, envió un libro llamado Veda; este es el antecedente de los libros sagrados de los indios. Este libro tiene cuatro partes [Rig Veda, Sama Veda, Yajur Veda y Atharva Veda] y a través de él se regulan los deberes de las gentes en este mundo y en el próximo, a través de las instrucciones del divino Brahma, que es omnipotente. Ahora, debemos recordar que el Corán establece: Y no hay un pueblo al cual no haya sido enviado un Advertidor [35:24]; y A todas las tierras hemos enviado un Advertidor [25:51]. Así pues hubo profetas en la India al igual que en otros países, y su memoria ha debido quedar recogida en sus libros. ¿Cómo podría Dios, el Benefactor, el Misericordioso, haber dejado fuera de su gracia a una parte tan extensa de la tierra?”.

 ‘Abd al-Karim al-Yili (m. 1428), uno de los más importantes herederos de la doctrina de Ibn ‘Arabi, discute sobre el origen de la diversidad religiosa:

“Diez grupos son el origen de todas las diferencias religiosas (las cuales son demasiado cuantiosas para enumerarse) y todas las diferencias giran alrededor de estos diez grupos. Estos son: politeístas, naturalistas, filósofos, dualistas, magos, materialistas, brahmanes, judíos, cristianos y musulmanes. En cada uno de estos grupos, Dios ha creado a gente cuyo destino es el Cielo y ha creado a gente cuyo destino es el Fuego. ¿No has visto cómo los politeístas de épocas pasadas que vivieron en regiones a las cuales no alcanzó el profeta de aquel tiempo, se dividen entre los que hacen el bien, a quienes Dios recompensa, y los que hacen el mal, a quienes Dios castiga con el Fuego? Cada uno de estos grupos adora a Dios, tal y como Dios desea ser adorado, ya que Él los creó para Sí, y no para ellos mismos. Así, ellos existen tal y como fueron creados. [Dios], sea glorificado y exaltado, manifestó Sus nombres y atributos a estos grupos mediante Su esencia y todos los grupos Lo adoran [a su modo].”

Para Yili existen politeístas y materialistas que son verdaderos creyentes y gentes del Paraíso, y existen gentes que se denominan musulmanes que están destinados al Infierno. Existe la conciencia plena de que la pertenencia o no a una religión no es garantía alguna de salvación, y de que por tanto lo importante está en otro lado. Fuego y Jardín son elementos constitutivos de todo ser humano, posibilidades latentes e innatas, que deben ser activadas. Todo depende del trabajo interior, del yihad del corazón. La religión es solo un instrumento, que puede ser usado para bien o para mal.

El rechazo fundamentalista del pluralismo

A la visión ideal sobre el pluralismo religioso –que surge de una lectura estrictamente literalista del Corán– podemos oponer la visión fundamentalista, a través de una supuesta autoridad islámica de primer rango: Shaykh ‘Abdul-‘Azeez Ibn Baaz, quien fuera durante muchos años Gran Mufti y presidente del Consejo de Grandes Ulemas de Arabia Saudí. En concreto, me refiero a una declaración del mencionado consejo de grandes ulemas, titulada “Cosas que nulifican el Islam de una persona” [11], promulgada hace ya más de treinta años. Dentro de esta declaración encontramos perlas como las siguientes:

  • Si un musulmán niega que el islam es la única religión verdadera, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
  • Si un musulmán niega que el Corán ha abrogado todas las revelaciones anteriores, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
  • Si un musulmán niega que los miembros de otras religiones son infieles destinados al fuego, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
  • Si un musulmán apoya el diálogo interreligioso, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.

Así pues, nos encontramos con un salto brutal desde el mensaje del Corán al rechazo frontal, casi diría el odio visceral, hacia el diálogo y el pluralismo religioso, y esto a cargo de una institución que se presenta como los máximos representantes del islam en Arabia, el Consejo de Grandes Ulemas de Arabia Saudita. Con el agravante de que a causa del prestigio de Meka y de Medina y de la incesante tarea propagandística que realizan, estos ulemas tienen una importante influencia entre muchos musulmanes. Resulta difícil comprender como se puede transformar el mensaje coránico sobre el pluralismo religioso en semejante discurso. Lo único que puedo hacer es admirarme de la capacidad del ser humano de manipular los textos sagrados, para presentarse como una ortodoxia a la cual los creyentes deben obediencia, y otorgarse el derecho a decir quien debe ser o no considerado musulmán.

Además de constituir una muestra extrema de fanatismo religioso, un fragmento como el que acabo de citar pone en evidencia el miedo de las jerarquías reaccionarias al diálogo. Miedo a la libertad. A la libertad de cada ser humano de escoger su propio camino espiritual, y también a la libertad interpretativa dentro de las diversas religiones, al hecho evidente de que no existen entidades reales llamadas “los musulmanes” o “los cristianos”, sino millones de seres humanos que buscan vivir su espiritualidad según su capacidad y entendimiento, en contextos culturales muy diversos. Miedo al relativismo. Palabra hoy en día denostada, que no es sino un sinónimo de pluralismo. La crítica al relativismo implica el rechazo a la gestación de sociedades multireligiosas y multiculturales. También miedo al sincretismo, al intercambio que contamine la “pureza” de la propia religión, como si esta fuera algo cerrado desde el principio de los tiempos, que debe preservarse de todo cambio o actualización. Miedo a la ruptura de los límites conceptuales entre las diferentes religiones. De ahí la importancia que algunos dan a los dogmas por sobre los valores.

La estrategia fundamentalista es siempre la misma: señalar las incompatibilidades y enfrentarnos los unos a los otros. Hoy en día, se trata de hacernos creer que el islam y el cristianismo son incompatibles, que el islam es contrario a la democracia y a los derechos humanos, que no tiene un lugar en occidente. En definitiva, se trata de trazar unos límites precisos de la religión, de modo que el creyente musulmán se sienta diferente del creyente cristiano o bahai. La religión, entendida como una barrera que separa a unos hombres de los otros, deja de constituirse en un camino espiritual para pasar a ser un instrumento de control ideológico. Deja de ser una relación directa e intransferible con la divinidad, una relación que se produce en el interior de cada ser humano.

El poner en evidencia estos miedos, también nos ayuda a poner en evidencia las virtudes del diálogo interreligioso, nos señala algunas de sus potencialidades terapéuticas, como superación de todo sectarismo, de todo intento de supremacía o complejo de superioridad. El diálogo interreligioso es liberador en la medida en que destruye estas barreras conceptuales y sectarias que los sectores fundamentalistas han levantado frente al otro.

Tradición y ruptura en el diálogo interreligioso

Hablamos del diálogo interreligioso como tradición, en la medida en que este encuentra su fundamento en las grandes tradiciones de la humanidad. Y no únicamente en un sentido histórico, sino más bien en un sentido esencial. Cuando hablamos del diálogo interreligioso como tradición no nos referimos pues a la existencia de antecedentes o ejemplos de este diálogo en épocas pasadas. Sin duda en todas hay ejemplos notables que merecen recordarse. Pero creemos más importante resaltar el fundamento de lo interreligioso a partir de la experiencia de la Unidad que está en el origen de toda religión.

La situación dialogal es paradigmática de toda experiencia espiritual, por lo menos en un nivel determinado de la misma. No hay respuesta sin invocar al interlocutor, sin orientarse hacia el Creador, hacia la Fuente de todo lo creado. No hay respuesta sin formular las preguntas esenciales. La experiencia espiritual predispone hacia el diálogo. En la medida en que todas las religiones surgen de la experiencia espiritual genuina de sus fundadores, no hay duda alguna de que todas ellas tienen en sí la semilla de la escucha y del encuentro.

Al mismo tiempo, hablamos del diálogo interreligioso como ruptura con un cierto modo de entender la tradición, característica de una época en la cual esta quedaba vinculada a la nacionalidad o a la ciudadanía. En la medida en que la experiencia espiritual es una superación de la dualidad, no hay duda de que implica la superación de los muros que los hombres pretenden construir en torno a las distintas religiones.

En este punto, creo necesario señalar dos aspectos fundamentales que creo deberían revisarse dentro del islam:

En primer lugar, los teólogos tradicionalistas han establecido la superioridad del islam sobre las demás religiones y del profeta Muhámmad sobre el resto de los mensajeros de Dios, que la paz sea con todos ellos y con sus seguidores. Nos encontramos con discursos que afirman que fuera del islam no hay salvación, discursos que afirman que si bien todos los libros revelados con anterioridad al Corán vienen de Dios, el Corán los ha abrogado. Discursos que llegan a afirmar que todos los no musulmanes son infieles, incluidos cristianos y judíos. Doctrinalmente, se basan en la idea de que el Corán es la palabra increada de Dios, la única revelación de Dios que se ha conservado intacta e inalterada, que ha abrogado las revelaciones anteriores y después de la cual no habrán más revelaciones.

En segundo lugar, los juristas del período clásico elaboraron el llamado régimen de los dzimmíes, de las minorías religiosas, que garantizaba el derecho a la vida, al honor, a la propiedad, a la libertad religiosa y a mantener sus propias instituciones, incluidas tribunales y sistema educativo. A cambio, los dzimmíes debían pagar un impuesto especial y tenían una serie de prohibiciones. Si bien éste sistema significó un avance con respecto a las legislaciones de su tiempo, hoy en día es algo superado, pues incluye una serie de discriminaciones que no se justifican en base al mensaje coránico del pluralismo religioso.

Estos son dos aspectos donde claramente el diálogo interreligioso, tal y como yo lo entiendo, nos exige una ruptura con la tradición. Los impedimentos son enormes, requieren de nosotros firmeza y ternura en el camino del encuentro. A nivel teológico, superar el dogmatismo, el cierre conceptual en torno a unos dogmas excluyentes, que bajo la apariencia de doctrinas teológicas venerables responden un mandato de dominio. Algunas son de sobras conocidas, y sus implicaciones políticas no pueden ocultarse: la idea del Pueblo escogido en exclusiva por Dios para sellar un pacto, o la idea del Dios encarnado en un hombre concreto en un momento histórico concreto, cuya herencia y magisterio es mantenido en exclusiva por una determinada institución. No podemos seguir sosteniendo dogmas semejantes por más tiempo, ni pretender que se trata tan sólo de doctrinas venerables. Si éstas ideas han sido consideradas como dogmas de fe no es por responder al anhelo de liberación espiritual del ser humano, sino porque responden al deseo narcisista de poseer las claves de la salvación en exclusiva.

Las claves de la salvación no pertenecen a ninguna religión, sino del Creador anterior a toda religión. Todas las claves para la salvación del ser humano han estado presentes en el hombre desde el principio de los tiempos. Hacer al ser humano dependiente del bautismo de Jesús, de la iluminación del Buda histórico o de la revelación del Corán es incompatible con la creencia en un Dios Misericordioso, que ha regido la Creación desde el principio de los tiempos. Frente a los dogmas y doctrinas excluyentes, necesitamos trabajo interior, desapego, superación del mundo de las dualidades y de los conceptos, vacío de la mente para que Dios se nos revele, aquí y ahora. En definitiva, hacemos un llamamiento a desidolatrizar la religión, a considerar la propia religión como un medio entre otros medios, y no como un fin en sí mismo.

Pero Al-lâh sabe más.

 Bibliografía básica

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  • Schuon, Frithjof; De la unidad trascendente de las religiones (Olañeta, Madrid 1980).
Notas

[1] Reza Shah-Kazemi: The Other in the Light of the One: The Universality of the Qur’an and Interfaith Dialogue (Islamic Texts Society, 2006). Nurcholish Madjid: Interpreting the Qur’anic principle of religious pluralism (Approaches to the Qur’an in Contemporary Indonesia, Oxford University Press, USA 2006, pp. 209-226). Abdulaziz Sachedina: The Islamic Rotos of Democratic Pluralism (Oxford University Press, USA, 2007).

[2] Las citas coránicas corresponden a El Mensaje del Qur’an, ed. Junta Islámica 2001.

[3] Asghar Ali Engineer; Maulana Azad and His Concept of Wahdat-E-Din. Frithjof Schuon, De la unidad trascendente de las religiones (Olañeta, Madrid 1980).

[4] Heribert Busse: Islam, Judaism, and Christianity: theological and historical affiliations, (Markus Wiener Publishers, 1998), pp.42-49

[5] Sobre la visión islámica del cristianismo: Mahmoud Ayoub, A Muslim View Of Christianity: Essays on Dialogue (Orbis Books 2007)

[6] Sobre la dimensión política del shirk, con referencia a las implicaciones políticas de la trinidad, véase Bani Sadr: Le Coran et le pouvoir (Imago 1993), pp.48-59.

[7] Véase la siguiente fatua on-line (Question 2 from fatwa number 4252 P143 Volume 2 of the fatawa of the Permanent Committee of Saudi Arabia): http://blogs.muxlim.com/Yusuf_Maya/applying-the-description-of-kufr-upon-the-jew-and-the-christian/

[8] Aunque se ha atribuido a Omar ibn al-Jattab dicha expulsión, esta atribución es sumamente oscura. Walter Short; The Exclusion of the Jews and Christians from the Arabian Peninsular: http://debate.org.uk/topics/history/xstnc-7.html

[9] El régimen de los dzimmíes es objeto de la apologética musulmana y de la crítica islamófoba. Como ejemplo de lo primero: Yusuf al-Qaradawi: Los no musulmanes en la sociedad islámica (La Casa del Libro Árabe, Barcelona 2000). De lo segundo: The Dhimmi: Jews & Christians Under Islam by Bat Ye’or and David Maisel (Fairleigh Dickinson University Press, 1985). En realidad, parece evidente que el sistema islámico de las minorías significó un avance para su tiempo, pero no responde a los criterios contemporáneos.

[10] Emilio Galindo Aguilar, La experiencia del fuego (Darek-Nyumba 2002), de donde tomamos varias citas, pp.265-288. Reza Shah-Kazemi: The Other in the Light of the One: The Universality of the Qur’an and Interfaith Dialogue (Islamic Texts Society, 2006).

[11] Matters Which Nullify Ones Islam: http://www.islamweb.net/ver2/engblue/ebooks.php

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